PANAMÁ, PANAMÁ!

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En la bella Ciudad de Panamá, capital de un canal interoceánico, hay una firma de abogados que se llama Mossak Fonseca que en un dos por tres, entre el almuerzo y el primer ron, entre dos rayas en la ñata y lo que demora una puta en salir del baño, te hacen una empresa, te la registran, le ponen nombre, sede y número, y todo lo que haga falta para que una Company se sienta mayor de edad, my friend. Vale decir que esto no es un monopolio de Mossak Fonseca, y que no es ilegal. Gracias a su valioso servicio, los interesados tienen la oportunidad de evadir impuestos en los países donde hacen la guita, y/o blanquear dinero del narcotráfico, por ejemplo.

  Zonas grises de la legalidad y la legitimidad, si se quiere, porque para empezar, y como ejemplo, la cocaína en sí no es buena ni mala, depende de para qué se la use. Cualquier brasilero iniciado te puede decir “é bem legal”. Y no es joda, Rodríguez, hay que pensar en esas cosas, el mundo sigue más allá del destino del 103. Preguntémonos a quién interesa la eliminación de una industria próspera, que le da de comer a millones de familias y a sus asesinos, que socava el poder de los Estados para dárselo a los narcos, que es lo mejor que les podemos regalar por ahora a los anarquistas. Además, si la cosa está turbia de un lado, del otro está turbia también, ¿no? De otra manera no podemos pensar. Como bien dijo uno, “quien esté libre de pecado, etcétera”. Pero lo más trágico es que se condene a gente que sólo quiere evadir impuestos. Ahí está, en la lista de los Panamá Papers, por ejemplo, Máximo Fernández, dueño de Fripur, una procesadora de pescado de Montevideo que le exprimió la vida a muchísima gente durante interminables años, y no porque Máximo Fernández fuera un avaro podrido de codicia, que lo era, para qué negarlo, sino porque así son las cosas. ¿Quién hubiera lo hubiera hecho mejor que él? Si no era Fernández, algún otro se hubiera aprovechado de ese montón de gente que el cosmos había puesto ahí, como moscas en una telaraña. Hay cosas contra las que no se puede, y una de ellas es el cosmos.

  Lo que nos debemos preguntar es si estamos o no de acuerdo con el postulado de que tenemos en este mundo, y en esta vida, la libertad de hacer lo que queramos. Esa es la clave. Si, por ejemplo, una muchacha quiere ser cantante, y arrancar para la televisión y clavarse la fila para el concurso, y hacer llorar al público, y salir en avisos de queso de untar, de celulares, y sacar un disco, y aparecer en la Teletón pidiendo guita, y ya más grande, pero no tanto, aparecer en pelotas con tres tipos alrededor en un video producido por su novio, y después hacer videos porno caseros cuando ya no le paguen nada en la revistas hasta que consiga una silla de panelista a las dos de la tarde para hablar de otros videos porno caseros, ¿le vamos a quitar la oportunidad de buscar sus sueños? Como padres, como ciudadanos, ¿estamos dispuestos a sacrificar los sueños de los niños? Esta revelación de los Panamá Papers, ¿no es una amenaza a todos, para que no busquemos nuestros sueños porque podríamos ser víctimas de una caza de brujas? Porque si estos señores que quisieron amarrocarse obscenas cantidades de dinero en cuentas en el extranjero, mientras ponían pegotines en la camioneta donde se leía “¿Este es el país productivooo?!, ¿eh?!!!”, y daban quiebra sistemáticamente y dejaban en la calle a la gente que trabajaba para ellos, y cagaban bien cagados a los proveedores, y robaban en la cara a los giles que veían todos los días y que prometían solemnemente proteger hasta que la crisis los separara, si decidieron no pagar altos impuestos a los Estados, que se encargan de la redistribución, buena o mala, pero repartición al fin de las ganancias de la sociedad, si quisieron blanquear lo que sacaban con el tráfico de drogas, y con el tráfico de armas, que alguien tiene que traficar, si no, ¿con qué hacemos la guerra?, si estos señores, decimos, y señoras, que también hay damas, como la novia del canciller Nin Novoa, que en la lista están ella y su hermano, Pedro, presidente del glorioso Peñarol, si esta gente, decimos, que además hay presidentes, senadores, empresarios de todo el mundo, si esta gente, lo decimos y sudamos de miedo, nos viene calor, si ellos no zafan, ¡ellos!, ¿entonces? Es un buen momento para reflexionar, quietitos, sin hacer olas.

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